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miércoles, octubre 08, 2008



Una vez le preguntaron al Dalai Lama: ¿Que le sorprende más de la humanidad? Y el respondió...
Los hombres... Porque pierden la salud para ganar dinero, después pierden el dinero para recuperar la salud.
Y por pensar ansiosamente en el futuro no disfrutan el presente, por lo que no viven ni el presente ni el futuro.
Y viven como si no tuviesen que morir nunca... Y mueren como si nunca hubieran vivido.

9 comentarios:

May dijo...

Andy!!! Que precioso esto y cuán cierto!!!!!!!
Te quiero, ya te lo había dicho, no?
:-)

M.F dijo...

Buenisimo el blog, besos, pasate por el mio....
Todos pasen!
Bye

ybris dijo...

No tenemos remedio.
Darse cuenta de ello como el Dalai Lama y como tú nos brinda la esperanza de tener alguno.

Besos.

TOROSALVAJE dijo...

Ese hombre sabe.

Niñaaaaaaaaaaaaaaaaaaa, un besazoooooooooooooooooooo para ti.

Espero que estés bien.

Igrein dijo...

Hola Flor,

Llevo tiempo sin pasar por aquí, pero es que ando desconectada de los blogs. Hoy me he acordado de ti y he decidido pasar a hacerte una visita. Todo un lujo, como siempre.

Mil besos, pequeña.

cieloazzul dijo...

amigaaa!!!
el Dalai era un hombre sabio.... que ni qué!
un besazo enorme mi niña!
y muuuchos abrazos:)
¿me recuerdas??

Sol dijo...

que cierta que es esa frase!..
además el dinero no compra la salud, si ayuda a recuperarla, pero no la compra.

doble visión dijo...

Cuanta razón!

y cuánto tiempo que no pasaba por aquí!

beso
marcelo

mr.pickwick dijo...

EL REMORDIMIENTO

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

Jorge Luis Borges, 1976



las palabras del dalaim ne lo redordaron...


pessigolletes