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domingo, mayo 12, 2013

DESDE MI HISTORIA : "APEGO DE TIPO INSEGURO" nada mas claro-





El apego de tipo inseguro se caracteriza básicamente porque la respuesta que otorgan los padres frente a las necesidades biológicas y afectivas de sus hijos, es ambivalente, incoherente e impredecible; a veces responden a sus necesidades y otras veces no. Para el niño esta situación genera una gran incertidumbre, en el sentido de que no sabe cuándo y cómo vendrá su madre a cuidarlo y a responder a sus necesidades. Cuando la respuesta de la madre es cambiante e impredecible genera en el niño una gran falta de sentido de lo que está pasando, de ambivalencia y de control sobre su entorno. Este estilo de cuidado produce en el niño una sensación de abandono, soledad e impotencia que provocará una intensa ansiedad y frente a esto, no podrá desarrollar la suficiente confianza en sí mismo. Los daños que este tipo de apego generan en la dimensión afectiva, cognitiva y social deterioran de manera importante el bienestar y calidad de vida de los niños.   En el área afectiva por ejemplo, el sentimiento constante de no sentirse lo “suficientemente amados y/o agradables para los otros”, influye negativamente en su autoestima, autoconcepto y la visión que tienen del mundo. A medida que los niños crecen e ingresan al ámbito escolar, el mundo social que deben afrontar se hace más complejo y precisamente es en este contexto donde comienzan a manifestarse las primeras dificultades.
  
Según  refiere Barudy (2005), investigador y especialista en temas de infancia, los niños que poseen un vínculo de apego inseguro con sus padres, manifiestan serias dificultades en el contexto escolar en términos cognitivos, emocionales y sociales. Las dificultades más frecuentes son bajo rendimiento escolar, que generalmente conduce a fracaso escolar,  déficit atencional, trastornos del aprendizaje e  hiperactividad. En términos sociales manifestarán notorias dificultades para ser aceptados por su grupo de pares y frente a la constante búsqueda de aprobación del otro, generarán rivalidad, celos y posesión, conducta que se desarrollará no sólo en la etapa escolar, sino también a lo largo de la adultez, generando serias dificultades en términos psicosicales, afectando de manera significativa su bienestar y calidad de vida.
  
Este tipo de apego se caracteriza por la vivencia de una ansiedad profunda de ser amado y de ser lo suficientemente valioso, así como una preocupación en el interés o desinterés y en la disponibilidad emocional que muestran los otros hacia él. El niño desarrollará sentimientos de ambivalencia ante las figuras de apego debido a sus necesidades afectivas insatisfechas. Alrededor de un 20% de la población de niños víctima de malos tratos infantiles presenta este estilo de apego.  Dantagnan (2005)
  
Varios autores como Bowlby, Cassid  & Crittenden sostienen que los niños que desarrollan un estilo de apego inseguro ansioso-ambivalente, han sido cuidados en su primera infancia por padres o cuidadores que no ofrecen una disponibilidad emocional y tampoco responden de manera satisfactoria a las necesidades del niño. De esta manera, tanto las necesidades físicas, como los estados emocionales, pueden pasar desapercibidos durante prolongados períodos de tiempo. 
La sincronía emocional está prácticamente ausente o con una presencia muy débil en la relación del niño y su cuidador. Existen períodos de ausencia física de la madre, sin embargo,  lo que más predomina en este estilo relacional es la falta de disponibilidad psicológica, que hace que los cuidados cotidianos sean incoherentes, inconsistentes e impredecibles. Este estilo de cuidado generará en el niño una sensación de abandono, soledad e impotencia lo que  provocará  en él una intensa ansiedad. La ansiedad del niño aumenta sus conductas de apego, lo que se traduce en una mayor insistencia en sus demandas y llamados de atención, tales como, llorar, gritar o pegarse a su madre. Esto  provoca una reacción de intolerancia y molestia intensa en los padres, llegando a la agresión verbal y/o física del niño. Dantagnan (2005)
  
(Cassidy & Berlin, 1994 citado en Barudy & Dantagnan, 2005) describen a estas madres o cuidadores de la siguiente manera:
  
Su compromiso e interés permanece poco fiable e impredecible. A veces están cómodos, otras veces, enfadados y muchas otras, son ineficientes con sus hijos. De esta manera, para el niño esta situación genera una gran incertidumbre, en el sentido de que al no saber cuándo y cómo vendrá su madre a atenderle, cuidarle o responder a su demanda. Cuando la respuesta es cambiante e impredecible, tanto en intensidad como en contenido emocional, genera en el niño una falta de sentido de lo que está pasando y de control sobre su entorno. Los niños, no logran obtener la suficiente confianza en sí mismos. Lamentablemente, esta incoherencia entre lo que el niño hace y la respuesta de la madre influirá negativamente en el desarrollo de los procesos cognitivos, sobre todo, en los aspectos relacionados con el terreno social y afectivo. 
  
El sentimiento constante del niño, de no sentirse lo suficientemente  amado, agradable para el otro, influye negativamente en su autoestima, autoconcepto y también en la visión del mundo. 
A medida que el niño crece, el mundo social que debe afrontar se hace más amplio.  Tras la entrada la escuela, esto resulta más evidente. Según sostienen  Crittenden y Brandon et. al., (1999) los niños a partir de los 3 o 4 años comienzan a desarrollar “estrategias coercitivas” que les permitirán obtener algún dominio sobre su mundo social, tales como: conductas agresivas, de enfado, amenazas, que provocan un llamado de atención. Por otro lado, conductas de indefensión y desamparo para provocar cuidado y protección; ambas permitirán mantener al otro activamente involucrado el máximo tiempo posible. 
  
Según Barudy (2005), en el contexto escolar, el rendimiento del aprendizaje de estos niños será pobre y de bajos niveles de concentración. Pueden distraerse fácilmente, moviéndose de un lugar a otro. A menudo, se encuentran niños con fracasos escolares, bajo rendimiento escolar, trastornos del aprendizaje, trastornos de déficit de atención y trastornos de hiperactividad. A nivel social,  tendrán dificultades  para ser aceptados por el grupo de pares; la búsqueda constante de aprobación, la rivalidad con otros compañeros, celos, posesión, deseos de exclusividad y conductas de impulsividad  frente a conflictos relacionales.
Fuente:  http://www.nswslasa.com.au
Por Cecilia Gutiérrez A., Psicóloga,  NSW SLASA