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viernes, agosto 17, 2012

CÓMO EL AMOR PUEDE TRANSFORMAR LA REALIDAD.


                                           



 Roberto Benigni nos propone inventar la vida. 

Este aspecto permanente de ilusión tomará otra dimensión a partir de la deportación de Guido y Giosué. Esta vez, el padre inventará toda una historia para su hijo. Ya no para sus fines amorosos, tampoco para vivir el momento, sino para enmascarar la realidad, al precio de un esfuerzo gigantesco: "(...) debe construir una catedral gótica para convencer a su hijo (...) " El tren, el campo, todo es un horror. 
¿Acaso es Guido conciente de la realidad; acaso no lo es? Sea como fuere, quiere proteger a Giosué. La invención del juego se convierte en una fuga hacia adelante para dejar entrar la realidad. Los otros detenidos son testigos pasivos, cómplices de esta manipulación. 

El niño siente, capta, constata aspectos enteros de la realidad del campo. Y cada vez, Guido hará que tome la realidad por una ilusión y sus ilusiones, sus engaños por la realidad. El niño no se deja engañar por mucho tiempo, pero está como preso en una telaraña tejida a su alrededor por su bien, red cuyos hilos están hechos con juegos de palabras y con mentiras: los veinte puntos de sutura de Bartolomeo pasan por puntos ganados en el juego; el número tatuado es la prueba voluntaria de la inscripción. Sin duda, todo eso podría derrumbarse: Guido está dispuesto a mandar a su hijo a la ducha antes que verlo en la usina, pero algo, que no es solamente su rechazo a lavarse, resiste en ese momento en el niño. 

Giosué se encierra progresivamente en el silencio. Debe callarse y esperar. No el silencio más fuerte que los gritos de los que hablaba el tío frente a las gesticulaciones de Guido, no; el silencio ligado a la prohibición de decir: si te callas, si olvidas, tendrás un regalo. 

 La llegada del carro de combate que llega para recompensar los mil puntos acumulados en el juego transforma al niño en vencedor para siempre. El mundo imaginario creado por su padre se convirtió en verdadero. Rápidamente se ve transportado al paraíso en la tierra, se reencuentra con su cariñosa madre y la vida es bella. Desaparecidos el sufrimiento, el frío, el hambre, la muerte, el tío, el padre y los otros. El significado de esta historia parece ahora simple: si el niño sobrevivió, es porque supo no creer nada de la horrible realidad y jugar en serio. Al punto que es él el que hoy cuenta esta historia. 


La clave de esta película parece ser el deseo de proteger a un niño de horrores insoportables, pero lo que en realidad sostiene es un edificio construido sobre una negación de la realidad que lleva al niño a estar ausente de su propia historia y al espectador a olvidar su historia colectiva, para animar a los unos y a los otros a vivir en el instante de lo imaginario.